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Tots tenim ales

Los padres dan y los hijos toman

Mi momento favorito de plenitud siempre ha sido por la mañana, supongo que es uno más de los tantos aprendizajes que he tomado de mi madre, como buena hija que soy.

Al fin y al cabo no somos tan distintos de los animales que aparecen en los documentales, que siguen a sus progenitores e imitan todo lo que ellos hacen para, cuando llegue el dia de ser adulto, formar una familia y enseñar lo mismo a sus cachorros.

Como personas, somos animales y aprendemos de los padres o figuras referentes a ser persona y a qué tipo de persona ser. No sólo es fantástico, sinó que también es un fenómeno mucho más profundo de lo que parece, sobretodo cuando entra en juego la complejidad humana del lenguaje, los roles, los juegos y las dinámicas. Entre padres e hijos amenudo se enseña y se aprende de manera inconciente e incluso en contradicción con los mensajes verbales que se pretende transmitir.

 

Ser ejemplo y referente es la forma más directa de enseñar a un hijo cómo ser adulto y, tanto si le ponemos intención como si no, como padres, el cachorro imitará nuestros pasos: las conductas, los hábitos, la manera de relacionarse y comunicarse, el estado de ánimo vital, los permisos y las prohibiciones, y todo aquello que no sabemos ni vemos. Poco a poco, sus propias experiencias se irán sumando e irán conformando su identidad, e incluso la manera de integrar estas experiencias y aprender de ellas es algo en lo que le haremos de ejemplo.

 

Por muy temprano que me despertase, al subir a la cocina ya veía a a mi madre a contraluz, reflexionando con la mirada perdida y una taza de café con leche caliente entre sus manos. Estava planificando el día y examinando sus sensaciones, sus pensamientos y sus intenciones. Más allá del ritual del desayuno, se desprende un mensaje bien claro que mi madre me regala: toma tiempo para ti misma, ni que sean unos minutos, hasta que alguien en casa despierte, encuentra tu espacio y disfruta del silencio.

Yo encuentro este espacio alrededor de la taza de café casi cada mañana, desde mucho antes de estudiar psicología o saber acerca de mandatos y aprendizajes familiares. Ahora que es un ritual conciente, lo disfruto más que nunca, y desde la taza de hoy, observo todo lo que me ha regalado una madre independiente, sabia, reflexiva, fuerte y valiente que connecta con el silencio en pijama sobre el sofá durante un café con leche que podria hacerse interminable.

Yo, como ella, también alargo los cafés, porque ya no es sólo la bebida humeante hecha al gusto propio, es también el permiso, el paréntesis que abrimos con esta taza, el silencio en el que la envolvemos o el gusto de estar con nosotras mismas. Y quien dice una taza de café dice una alfombrilla de yoga, después de todo, hay muchas maneras de ser fieles a un mensaje o mandato familiar, así como también hay muchas maneras de transmitirlo, y ahí es donde entra la creatividad a la hora de comunicarse entre padres e hijos y también a la hora de rendir tributo hacia ellos. Incluso cuando no hay comunicación, ahí está el referente.

En los talleres y encuentros de padres se puede observar la infinita creatividad a la hora de relacionarse. Entre conflictos, dinámicas y relatos varios sobre las relaciones con sus hijos se observan órdenes, límites, permisos, pactos, la mayoría son mensajes verbales y mentales que se alejan del documental de animales, hasta que una idea en común emerge si la preguntas: qué proyecto tienes para tu hijo? Quiero que mi hijo sea feliz.

Busca entre tus herramientas, tus aprendizajes y patrones, móntatelo como quieras y dale un ejemplo qué seguir.

De manera natural

los hijos hacen lo que tú haces

independientemente de lo que les digas

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Autor Anders Norén